Infantojuvenil

Nuestro método

Nuestro método

En Logopsico, nos esforzamos por entender cada historia, cada circunstancia y las necesidades únicas de cada niño, niña o adolescente que busca apoyo. Nuestro enfoque evolutivo tiene en cuenta las distintas etapas del desarrollo, para poder distinguir qué conductas son normales para su edad y cuáles pueden ser señales de que algo está afectando su bienestar personal, social o escolar.

No trabajamos solo con el niño o la niña, sino que involucramos a las personas más importantes en su vida: padres, familiares y, cuando es necesario, profesores o cuidadores. Así formamos un equipo que acompaña y apoya de manera integral. Adaptamos la intervención a la edad y características de cada niño, utilizando un lenguaje cercano y técnicas adaptadas, muchas veces a través del juego, para que se sientan seguros y acompañados en todo momento.

Un lugar donde crecer
sintiéndose comprendido

Un lugar donde crecer
sintiéndose comprendido

Los problemas más frecuentes

Los problemas más frecuentes

A continuación, mostramos los problemas más comunes en cada etapa:

Problemas con la alimentación: no quiere comer, tarda mucho en hacerlo o vomita la comida.

Dificultades con el sueño: problemas para dormir, despertares frecuentes, pesadillas.

Adaptación al entorno escolar y social.

Problemas de conducta: rabietas, desobediencia, agresividad hacia adultos o compañeros.

Miedos evolutivos comunes, como miedo a dormir solos o a extraños.

Trastornos del lenguaje: retrasos en el habla, trastornos específicos del lenguaje (TEL), mutismo selectivo.

Hiperactividad, impulsividad y problemas de conducta: inquietud constante, dificultad para esperar turnos, agresividad.

Problemas de atención y concentración: dificultad para seguir instrucciones, distraerse fácilmente.

Dificultades en las relaciones sociales con sus iguales.

Ansiedad, miedos y fobias que limitan su vida diaria.

Problemas en el control de esfínteres.

Dificultades escolares y de aprendizaje: bajo rendimiento, rechazo a hacer deberes, problemas con lectura, escritura y matemáticas.

Problemas con la imagen corporal y adaptación social.

Dificultades académicas.

Trastornos de la conducta alimentaria.

Conductas antisociales o problemas de comportamiento.

Problemas de autoestima e inseguridad personal.

Conflictos familiares y con la autoridad.

Cambios bruscos de humor y dificultades en la regulación emocional.

Uso problemático de redes sociales y nuevas tecnologías.

Presión social, acoso escolar o dificultades en las relaciones con iguales.

Ansiedad por los estudios, bajo rendimiento académico o falta de motivación.

Ansiedad ante la toma de decisiones vitales y académicas.

Estrésasociado al inicio de la vida laboral o universitaria.

Problemas en las relaciones de pareja o sociales.

Sensación de vacío, desmotivación o falta de rumbo.

Dificultades en la gestión de la independencia y responsabilidades.

Preocupaciones relacionadas con la autoimagen y la identidad personal.

Problemas con la alimentación: no quiere comer, tarda mucho en hacerlo o vomita la comida.

Dificultades con el sueño: problemas para dormir, despertares frecuentes, pesadillas.

Adaptación al entorno escolar y social.

Problemas de conducta: rabietas, desobediencia, agresividad hacia adultos o compañeros.

Miedos evolutivos comunes, como miedo a dormir solos o a extraños.

Trastornos del lenguaje: retrasos en el habla, trastornos específicos del lenguaje (TEL), mutismo selectivo.

Hiperactividad, impulsividad y problemas de conducta: inquietud constante, dificultad para esperar turnos, agresividad.

Problemas de atención y concentración: dificultad para seguir instrucciones, distraerse fácilmente.

Dificultades en las relaciones sociales con sus iguales.

Ansiedad, miedos y fobias que limitan su vida diaria.

Problemas en el control de esfínteres.

Dificultades escolares y de aprendizaje: bajo rendimiento, rechazo a hacer deberes, problemas con lectura, escritura y matemáticas.

Problemas con la imagen corporal y adaptación social.

Dificultades académicas.

Trastornos de la conducta alimentaria.

Conductas antisociales o problemas de comportamiento.

Problemas de autoestima e inseguridad personal.

Conflictos familiares y con la autoridad.

Cambios bruscos de humor y dificultades en la regulación emocional.

Uso problemático de redes sociales y nuevas tecnologías.

Presión social, acoso escolar o dificultades en las relaciones con iguales.

Ansiedad por los estudios, bajo rendimiento académico o falta de motivación.

Ansiedad ante la toma de decisiones vitales y académicas.

Estrésasociado al inicio de la vida laboral o universitaria.

Problemas en las relaciones de pareja o sociales.

Sensación de vacío, desmotivación o falta de rumbo.

Dificultades en la gestión de la independencia y responsabilidades.

Preocupaciones relacionadas con la autoimagen y la identidad personal.

Cuándo es recomendable acudir al psicólogo infantil

Cuándo es recomendable acudir al psicólogo infantil

Es importante observar cómo se siente y se comporta el niño o adolescente. Algunos indicadores para solicitar ayuda son:

Ansiedad excesiva, preocupación constante o bloqueos emocionales

Conductas de autolesión o comportamientos evitativos.

Cambios importantes en el estado de ánimo: irritabilidad, tristeza o desesperanza.

Miedos o fobias que dificultan la vida diaria.

Problemas de autoestima, dificultades para relacionarse con otros niños o acoso escolar.

Bajo rendimiento o problemas de atención y aprendizaje, incluyendo posibles trastornos del neurodesarrollo como TDAH o TEA.

Duelos no resueltos tras pérdidas significativas.

Problemas psicofisiológicos, como dolores frecuentes o trastornos del sueño.

Uso problemático de dispositivos electrónicos o videojuegos.

Trastornos de la alimentación vinculados a preocupaciones emocionales.

Ansiedad excesiva, preocupación constante o bloqueos emocionales

Conductas de autolesión o comportamientos evitativos.

Cambios importantes en el estado de ánimo: irritabilidad, tristeza o desesperanza.

Miedos o fobias que dificultan la vida diaria.

Problemas de autoestima, dificultades para relacionarse con otros niños o acoso escolar.

Bajo rendimiento o problemas de atención y aprendizaje, incluyendo posibles trastornos del neurodesarrollo como TDAH o TEA.

Duelos no resueltos tras pérdidas significativas.

Problemas psicofisiológicos, como dolores frecuentes o trastornos del sueño.

Uso problemático de dispositivos electrónicos o videojuegos.

Trastornos de la alimentación vinculados a preocupaciones emocionales.

Nos adaptamos a tí

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Adaptamos la terapia a tus necesidades y circunstancias. Puedes elegir la modalidad que mejor se ajuste a tí: online, presencial o a domicilio. Todas ofrecen la misma calidad y compromiso profesional.

PRESENCIAL

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Encuentro cercano y directo

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