Todos podemos sentir en algún momento ansiedad, sobre todo cuando tenemos que hacer cosas nuevas, como ir a un lugar desconocido, empezar un trabajo nuevo o conocer a personas nuevas. Es la emoción natural que nos alerta sobre algo que pueda estar en juego, algo que pueda tener consecuencias negativas para uno mismo.

Cuando esta emoción se prolonga, es demasiado intensa, aparece cuando no debería o limita la vida diaria, puede indicar que hay un trastorno de ansiedad. Hay distintos tipos de ansiedad, como los ataques de pánico, ansiedad generalizada o la ansiedad por separación en niños.

¿Cómo siente una persona la ansiedad?

La experiencia de la ansiedad puede variar mucho entre diferentes personas. La lista de síntomas podría ser larga, pero lo más común es una sensación de nerviosismo, no poder estar sentado quieto, tener tensión muscular, que el corazón vaya rápido, tener pensamientos obsesivos (que te vienen a la cabeza sin que quieras) o preocupaciones constantes, sentir que falta el aire, no poder dormir o problemas digestivos (dolor, estreñimiento, diarreas).

Esta es solo una lista de síntomas. Pero, ¿cómo lo vive una persona? ¿cómo lo siente una persona con ansiedad? Para hacerte una idea de cómo es, intenta pensar en una situación en la que te has puesto nervioso. No es lo mismo, pero se puede acercar.

¿Cómo sería la ansiedad?

Vamos a poner como ejemplo aquel día en el que en el instituto o en la universidad tenías que hacer una presentación oral ante la clase.

Imagínate ese momento previo, la noche anterior, repasando una y otra vez lo que vas a decir. Ese mismo día, te levantas nervioso/a, inquieto/a. Cuando estás allí, el corazón se te acelera a medida que se acerca el momento. Una vez que estás haciéndolo, notas que hablas un poco más rápido por el nerviosismo o que te lías con algún apartado. Acaba la presentación y te sientes más tranquilo/a. ¿Te ha sucedido alguna vez?

También puedes pensar en aquella vez que tenías un examen importante. Estudiaste mucho, estuviste repasando el día anterior y te preocupaba cómo iba a salir. En el momento de hacer el examen, al principio, viste las primeras preguntas y te asustaste, notaste que no te acordabas tan bien de lo que habías estudiado, estabas nervioso y el corazón parecía que quería ir más rápido de lo normal. Luego, pudiste tranquilizarte al ver que poco a poco ibas recordando y que el examen no era tan complicado. Lo hiciste y saliste aliviado.

Ahora, piensa en cómo te sentiste en estas situaciones y multiplica la intensidad de esa emoción. Añádele otros síntomas (como los problemas gastrointestinales, la falta de aire, el mareo, la preocupación constante…) y piensa cómo te sentirías si cada día fuera así, si existiera la posibilidad de padecer estos síntomas siempre. No sería fácil, ¿verdad?

Con sus grandes diferencias, ya que cada persona lo vive de forma diferente, así es como se siente una persona con ansiedad. No es solo nerviosismo o inquietud, son una serie de síntomas con mucha intensidad y prolongados en el tiempo.

Toda persona puede sentir ansiedad

La ansiedad es una reacción normal que entra dentro del rango de emociones que todos podemos sentir. En algún momento, esta emoción se puede desbordar y generar problemas, ya sea porque dura demasiado, porque es muy intensa o porque se da en situaciones en las que no debería.

Unas personas tienen más tendencia a padecerla que otras. Esto es debido a que hay diferentes factores que influyen en que uno sienta más o menos ansiedad, como puede ser la predisposición genética (si tienes ansiedad, piensa en si alguno de tus padres o hermanos también es nervioso/a, se preocupa mucho o suele ser un tanto pesimista) o experiencias vitales (situaciones estresantes como pérdida del empleo, la muerte de un ser querido, etc.).

Si necesitas orientación adicional o deseas hablar sobre estrategias personalizadas para tu situación específica, no dudes en ponerte en contacto conmigo, estoy aquí para ayudarte.

Silvia Merino Vicente